En Guadalajara, lo vintage se presume como una novedad e intenta ganar terreno al glamour de las boutiques

Se pensó que las hombreras en sacos y camisas -al estilo Locomia o Flans- habían sido desterradas por completo, o que los pantalones entallados y de corte a la cadera habían logrado reemplazar a la cintura de avispa y patas de elefante (acampanados) de los años 70, tal parece que los jóvenes se perfilan a seguir la moda que sus padres, abuelos y hasta tatarabuelos emplearon a partir de los años 20.
Ya lo decía “Cri-Cri”: “Toma la llave abuelita y enséñame tu ropero, con cosas maravillosas y tan hermosas que guardas tú”. Esta estrofa actualmente funciona como un concepto de moda -y de negocio- para aquellos gustosos de vestir lo de antaño, de sumergirse en los recuerdos de prendas que rompen con los protocolos de las tendencias modernas: el estilo vintage, una corriente que apela por reutilizar artículos que pertenecieron a una época que supera los 20 o 30 años desde su lanzamiento y uso en el mercado.
Aunque el término vintage se conecta a diversas categorías desde artículos electrodomésticos, muebles, decoración y hasta fotografías -y a veces se confunde con lo meramente antiguo, que es lo creado antes de los años 20-, son la ropa y los accesorios los que acaparan la excentricidad del concepto a través de boutiques y bazares que se dedican a dotar con un valor histórico y económico a aquellas prendas que han perdurado en buen estado a través de los años y contienen un estilo chic y fashionista, es decir, con un determinado nivel de moda, ya sea por sus estampados, telas o indumentaria añadida en herrajes y broches propios de una época.
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