Casa de un pariente de Porfirio Diaz en Jamay

Lo que alguna vez fue símbolo del poder presidencial, ahora es un edificio en ruinas que por sí mismo se resiste a desaparecer, pues el hombre poco hace para protegerlo; se trata de la hacienda de Maltaraña, que hoy se encuentra en el abandono y casi destruida a causa del paso del tiempo y las inclemencias climáticas.

Se ubica en la población conocida como La Palmita o Maltaraña, perteneciente al municipio de Jamay, en donde sus habitantes expresan su preocupación ante el deterioro avanzado que tiene esta hacienda, y en especial el edificio que en varias partes presenta grietas enormes que amenazan con tumbar la vieja estructura.

Indiferencia. «No la valoran, desde hace muchos años ha sido tema de discurso de muchos políticos, también muchos gobernantes han dicho que pronto la restaurarán, pero en los hechos no se ve absolutamente nada, cada día que transcurre los daños se hacen más grandes », señala María Esther Castellanos López, habitante de este poblado. Por su parte José Antonio Romo Andrade, ejidatario de esta zona, revela cómo al paso del tiempo la hacienda de Maltaraña se ha ido consumiendo ante la indiferencia de las autoridades; «la lluvia, el viento y la falta de mantenimiento se la han ido acabando, es un lugar muy bonito que debería ser cuidado y hasta explotado turísticamente por el gobierno, pero no les interesa», señala. La construcción de la hacienda data de finales del siglo antepasado y sobre su edificación se tejen varias historias, una de ellas tiene qué ver con el ex presidente de México Porfirio Díaz, de quien se dice que la construyó para que una sobrina se instalara en ella; otros refieren que uno de sus amoríos fue la primera inquilina de este lugar. Ubicada junto a las aguas del río Lerma, esta casona cuenta con 365 ventanas en su alrededor, colocadas en forma ingeniosa y que le dan una belleza especial, además de proyectar majestuosamente su figura que se mezcla con el sol del oriente por las mañanas. Otras versiones, las que incluso están parcialmente documentadas, refieren que la casona la compró un ex diputado jalisciense y se la regaló al Presidente de la República de principios de siglo, el señor Porfirio Díaz, que ahí acudía a descansar algunos fines de semana. La historia. En La Palmita, municipio de Jamay, la gente también cuenta que el primer dueño fue don Manuel Cuesta Gallardo, uno de los hacendados más prósperos de Jalisco y dueño de la Hidroeléctrica Chapala, de las haciendas de Atequiza, San Juan Buenavista, además de varias haciendas a lo largo del norte del lago de Chapala. Con la compra de las tierras de ciénega, Manuel Cuesta abrió el paso para la desecación parcial de la ciénega para utilizar el fértil suelo en la agricultura en bien de la gente de la región; se dice también que compró la hacienda de La Palma en 1896 a la sociedad ocotlense Velázquez- Orozco. Poco después que consiguió los recursos para la desecación de la ciénega, don Manuel quería estar cerca de las obras de desecación por el lado norte. En 1907, en los primeros meses, los Castellanos de Ocotlán, dueños de la hacienda de Briseñas, le vendieron la casa en 37 mil pesos, con ella iban las tierras de Maltaraña y la boca del río con su brazo interior hacia el lago de Chapala. Abandonada. En esta vieja gloria porfirista que luce hoy casi tirada en el suelo los daños estructurales son irreversibles, está cayéndose, según los vecinos de aquella población ribereña. Es un lugar donde se conservan aún viejas máquinas agrícolas diseminadas por el campo y la casa tiene algunas puertas, ventanas y otros accesorios originales pero deteriorados. Lo único que se hizo recientemente en torno a este lugar ocurrió a principios del presente año, se trata de un proyecto rector para la hacienda y consistió en un levantamiento fotográfico arquitectónico de los deterioros que presenta el inmueble en cada uno de sus espacios que lo conforman, levantamiento de las fábricas, es decir, materiales y sistemas constructivos, diagnóstico y por último el proyecto de intervención. Sin embargo, se trata apenas de un proyecto, «como éste se han elaborado decenas desde hace ya varios años y nunca se hacen realidad, todo se archiva y al paso del tiempo de nuevo se hace nada, hasta que alguien de afuera, algún periódico, asoma otra vez los ojos y se vuelve a dar declaraciones», señala Manuel Godínez Rojas, habitante de Maltaraña.


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