Panteón de Belén

El Panteón de Belén ya no está en funcionamiento (cerró por ahí de 1996); sin embargo, aún alberga los restos de muchas personas ilustres de Guadalajara como José Cuervo, Ramón Corona y uno que otro ser sobrenatural, entre los que destaca un supuesto vampiro. Muchas tumbas vienen acompañadas de su propia leyenda y muchos veladores afirman que aún pueden escucharse ruidos extraños o que pueden apreciar sombras de personas que no están ahí. Anteriormente, los visitantes acudían con la esperanza de fotografiar alguna aparición sobrenatural, pero en la actualidad ya no permiten tomar ni fotografías ni video en el lugar… a menos que seas una quinceañera.

BU

Los Brujos

El pueblo de Santa Cruz el Grande se encuentra a unos cuantos kilómetros de Ocotlán y tiene fama de que en ese lugar existen muchas personas que practican la magia negra, por lo que es grande la fama que tiene este poblado por los brujos que allí vivían o quizás que aún viven. Pero ¿a que leyenda urbana se debe esta fama?.

Resulta que allá a principios de siglo pasado vivía frente a la plaza un curandero al que apodaban “El Cartucho” quien era muy hábil en el arte de curar con las manos y conocía los poderes curativos de muchas plantas de la región. Además de que conocía a todas las personas del pueblo y sabía de todas sus enfermedades, vida y misterios de todas las personas y cuando iban a consultarlo, él sin preguntarles les decía de que estaban enfermos, les decía incluso lo que habían comido un día anterior, por lo que agarró gran fama de sabio.

Por ese mismo tiempo por las noches salía un gran tecolote que sobrevolaba todo el pueblo recorría todas las casas y al amanecer se iba a esconder en el tupido zalate que en ese tiempo se encontraba frente al panteón del pueblo, entre los dos templos. Todo el pueblo ya estaba enfadado de que este tecolote no los dejara dormir por las noches, por lo que uno de tantos días todos los hombres del pueblo salieron a darle cacería a este animal.Y lo encontraron cerca del templo, le dispararon un balazo y este le dio en el ala derecha por lo que el animal cayó al suelo y cuando iban a rematarlo; aleteando con una sola ala fue a meterse en lo más tupido de la enramada de ese famoso zalate. Y al no poderlo encontrar los hombres del pueblo se regresaron a sus casas con el firme propósito de buscarlo al día siguiente. Pero por la mañana con las primeras luces del sol los campesinos que se levantaron muy temprano se encontraron con una sorpresa, bajo ese famoso zalate se encontraba el curandero “El Cartucho”, herido de un balazo en el brazo derecho desangrándose por lo que rápidamente lo trajeron a Ocotlán para curarlo.

Para la gente de Santa Cruz este hecho no pasó desapercibido y todos dijeron que el tecolote era el mismísimo “Cartucho”, que por las noches se transformaba en este animal para recorrer el pueblo y así enterarse de todo lo que hacían los habitantes de esta localidad, desde entonces corre la fama de que en Santa Cruz hay muchos brujos.

Ahora sobre esta leyenda conosco a una señora que vivio su infancia en ese pueblo, me cuenta que frente al Zalate, el cual aun existe vivia con su abuela en una casa grande de adobe, ella y su abuela se divertian sacando monedas (De Oro) de una parte donde habia muchas asi como «Tejos» las sacaban y metian en las Endiduras de los adobes, tapandolas con lodo la abuela murio y la señora se fue a Ocotlan, Lo que habia ahi quedo asi que a buscar cual de las casas es ya que aun quedan unas cuantas con las remodelaciones al quitar el cementerio y hacer una plasita.

El Orgallinero

Ésta historia es una de las tantas que envuelven al poblado de Poncitlán, sucedió  en el siglo pasado, cuando dicho pueblo aún era pequeño, sus noches transcurrían tranquilas, a penas iluminadas por la lucha y muy silencias; su plaza estaba adornada con naranjos, había algunas bancas de burda manufactura y un kiosco destartalado. En el centro vivían las familias más adineradas y en los alrededores del pobradito vivían las familias de origen más modesto.

Poncitlán estaba dividido en dos sectores, del templo al oriente estaba el Barrio del Santa María (aún existente hasta nuestras fechas) y al poniente estaba el barrio de San Francisco; la orilla del sur no llegaba más allá de la actual calle Reforma misma que antes llegaba al camino real y actualmente llega al Panteón. No existía ningún barrio más.

En aquel entonces, la función del “sereno” la hacían los mismos pobladores, dos de cada barrio que eran relevados cada mes, esos pobladores se encargaban de hacer rondines por el pueblo cada noche para revisar que todo estuviera en orden y su grito más conocido era, por ejemplo: “las 12 y todo sereno”, así la gente podía estar tranquila o si había algún inconveniente no pasaba desapercibido.

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